«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».

«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».


Hoy llega a nuestra retina cientos de imágenes que en verdad causan preocupación, no dejan de ser desgarradoras las escenas de cadáveres amontonados, puestos en fosas comunes o simplemente en las calles esperando ser levantados, o peor aún siendo quemados en las esquinas. 

No deja de tocar las sensibilidades más profundas de nuestra humanidad. Nuevamente el grito se levanta al cielo, la sangre de tu hermano clama al cielo. Hace algunas semanas escuchábamos esa sentencia tan real, recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir. Ese llamado a mirar nuestra fragilidad y el paso por este mundo tan corto. 

Vemos la carne de nuestros hermanos esparcidos por la calle. Pero es apremiante que también ahondemos en nuestro destino, no debemos olvidar la vida eterna. Una eterna vida con Dios o una eterna vida de condenación. 

Lo que nos da vida o lo vital qué es? Decimos que la muerte es esa separación entre cuerpo y alma. Esa es la muerte. Algún listillo dirá que es la sensación de los órganos vitales, pero esos órganos vitales son animados por el alma. Aún los animales tienen alma animal y la plantas alma vegetal. Acogiéndome claro esta a la filosofía Aristotélica, que luego Tomás de Aquino reelaborará. 

Pero no pretendo entrar en una discusión filosófico-Teológica  mi reflexión apunta a algo más sencillo. El final. La muerte, una breve monólogo sobre nuestra preparación próxima. 

San Pablo en la carta a los Cristianos de Tesalónica nos habla de el más allá, en el Antiguo Testamento se nos habla del más allá y yo hoy pienso en el acá como preparación para el más allá. 

La Venida del Señor y la resurrección final Capitulo 4

13 No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. 14 Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él. 15 Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto. 16 Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. 17 Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre. 18 Consuélense mutuamente con estos pensamientos.

La vida es un don de Dios que debemos cuidar, pero el cuidarlo no sólo hace referencia al tiempo presente sino también al eterno. De ahí el cuidado del alma, que en estos tiempos de profilaxis debemos también pensar en ella.

No podemos olvidar aquellas preguntas sabias de los más viejos, si hoy fuera el día de tu muerte estas preparado para presentarte delante de Dios y en tu juicio tener la mediana certeza de que no te vas a condenar?. En estos tiempos que nos ha tocado vivir mientras aún tenemos la oportunidad aprovechemos el tiempo que Dios nos concede. La Teresita decía, quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra, habitualmente siempre le agrego con un poco de picardía. Quiero pasar mi suelo preparando mi cielo. 

Dios nos guarde en este día. No olvidemos que en Jesús encontramos vida y esta en abundancia. Nos vemos en la adoración y la misa.

Con Dios a golpe de sorpresas. 


Les dejo una curiosidad. A nuestra falta de creatividad.

Entradas más populares de este blog

Poema de Emaús - Micaela Fernandez

Acechemos y asechemos al Justo.

“No harán caso ni aunque resucite un muerto”